11 abril 2010

El miedo a los espejos

Hoy leyendo el blog de una amiga encontré una entrada sobre la importancia que se le da hoy en día a la compañía, que la gente no es capaz de disfrutar de la tan necesaria soledad. Puesto que veía desmesurado plasmar toda mi opinión en el ínfimo comentario que le he dejado, he preferido escribir aquí, en mi reducto de ideas, mi punto de vista sobre el tema.

La soledad nos induce al autoanálisis, a convivir con nosotros mismos a falta del resto, por tanto nos ayuda a comprendernos y valorarnos. Algo que, a priori, podría parecer complétamente positivo pasa a ser algo no deseado cuando tenemos en cuenta que el individuo medio de hoy en día no desea conocerse.
Así nace la, habilmente promovida por la sociedad, fobia al espejo. Estamos tan saturados por cánones, patrones y clichés, que tememos conocernos, tememos mirar en nuestro interior y darnos cuenta de que no encajamos en ese intrincado puzzle.
El paso del tiempo nos ha traído riqueza y relativa prosperidad (pese a la crisis en la que estamos inmersos), pero ha eliminado el factor humano, el factor unitario. Hoy todo lo que cuenta son las masas. Habitamos un planeta tan masificado que casi parece imposible pensar que dentro de cada unidad motriz con patas, dentro de cada grupo de neuronas envasadas en cráneos, en definitiva, dentro de cada persona, hay un ser humano con sus propias ideas y puntos de vista.
Nunca he sido muy dado a las matemáticas, pero considero que es estadísticamente imposible que dos personas puedan coincidir de manera exacta en la forma de plantearse la vida. Siendo así, imposible, que dos personas calquen sus conceptos mentales, supongo que es del todo lógico ver que un colectivo, un gobierno o un país compuesto por millones de habitantes jamás podrá estar de acuerdo en todo.
Cuando el mundo estaba menos controlados, las personas se conocían mejor a si mismas. La gente se estudiaba y sabía cuales eran sus puntos de vista. Hoy en día hemos llegado a un punto en que por miedo a vernos distintos renegamos de nuestro propio ser y preferimos agarrarnos al sol que más calienta. Todo gracias al control del poder, a aquellos que están arriba, a los cuales les conviene agruparnos como corderos mediante modas, cánones y grupos sociales.
El pensamiento individual, el carácter unitario e inimitable son importantes. No deberíamos dejar que se pierda el espejo de la soledad. Conozcámonos a nosotros mismos antes de intentar conocer al resto. Piensa en que quieres, que sabes y que esperas sin importarte que se espera de ti.
Es hora de sacar brillo al cristal que nos muestra nuestro interior.

No hay comentarios:

Publicar un comentario