10 marzo 2010

El bloqueo

Tardes eternas en el tiempo, tardes en las que sentado en la mesa de cualquier bar con un humeante café como compañero nos paramos a intentar expresar algo... No sabemos el que. Las sordidas tardes, noches y mañanas del escritor bloqueado. Cuando sentimos la necesidad de escribir pero no encontramos la inspiración necesaria para dejar fluir los dedos sobre el teclado.

Hoy es una de esas tardes, hoy hay uno de esos bloqueos. Tan conocidos como parientes no deseados pero que, sin remedio, se presentan en casa cada vez que así les place. Hoy viene visitarme mi tio bloqueo, mientras deseo que mi mujer inspiración venga a verme.
Siempre he pensado que la magia de la escritura reside en voltear el bloqueo en mi propio beneficio. Como en este caso en el que, sin nada más sobre lo que poder escribir, me pongo a divagar sobre el. Creo que es necesario prestar la atención necesaria al bloqueo artístico y aprender a valorarlo. El bloqueo es esencial para todos aquellos que decidimos plasmar una parte de nosotros sobre el lienzo del arte. El bloqueo nos hace dudar, cuestionarnos, nos acerca al punto en que uno tira la toalla y se da por vencido. En definitiva, nos pone a prueba. El bloqueo es el sicario del arte, que viene a vernos para segurarse de que somos dignos de poder llamarnos artistas.

El arte sin obstaculos es como una carrera de fondo sentado. So precisamente las dificultades las que nos hacen crecer no solo como personas, si no también como artistas. Las mayores obras nacen siempre de los peores momentos. El Guernika en el caso de Picasso, El tercer ojo en el caso de Lobsang Rampa y un millón de ejemplos más, en los que las mayores dificultades nos hacen mostrar el lado más puro de nosotros mismos

La inspiración nos ayuda a mostrar miles de historias, pero el bloqueo nos ayuda a contar la nuestra.

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